Cap I Historia 3ero – El mundo a Mediados del siglo XIX

Europa y Estados Unidos…

Durante el siglo XIX ocurrieron muchos cambios en la Historia de la Humanidad, cambios que siguen influyendo en la vida actual. Se desarrolló la Revolución Industrial, se consolidaron las ideas liberales, los países latinoamericanos lograron su independencia política y millones de europeos se lanzaron a cruzar el océano para buscar nuevas posibilidades de vida y de trabajo.
Los países europeos y los Estados Unidos ampliaron su dominio político y económico alcanzando los lugares más distantes y desconocidos hasta el momento. Algunos aspectos que hoy nos resultan cotidianos –como recibir noticias de lejanas tierras- comenzaron de alguna manera en el siglo XIX cuando los barcos a vapor surcaban los mares del mundo y se empezaban a extender
las líneas telegráficas y telefónicas. Los países como Uruguay debían pedir préstamos en dinero a los bancos ingleses; el comercio entre Europa y el resto del mundo era cada vez más activo y se pagaba en libras; en Montevideo se estudiaba francés y las costumbres europeas llegaban de la mano de maestros y predicadores a todos los rincones de África, de Asia y de Oceanía. Los protagonistas
del momento veían al mundo como más “pequeño” y; sin lugar a dudas, más “europeizado”. Veamos cuál era la situación de algunas regiones hacia 1850… Europa y Estados Unidos A mediados del siglo XIX, Inglaterra se destacaba por ser el país más industrializado del mundo. La primera industria en desarrollarse fue la textil, acompañada de la minería con la producción de carbón y de hierro.
Inglaterra debía comprar algunas materias primas como el algodón y exportaba los productos manufacturados con su poderosa marina mercante. Otros países europeos, como Francia, que fueron desarrollando posteriormente su propia industria, debían competir con Inglaterra. Pero no toda Europa estaba industrializada. En el centro y este de Europa, así como en España, Portugal,
Grecia o la Península Itálica continuaba predominando la producción agrícola.
De la misma manera se diferenciaba la población en las distintas regiones europeas. En las zonas más industrializadas encontramos las ciudades más pobladas.
La sociedad industrial se dividía en dos grupos, la burguesía y el proletariado, diferentes por su poder económico, las condiciones de vida y de trabajo y la cultura.

En las ciudades, los obreros comenzaron a formas los primeros sindicatos para tratar de mejorar su condición de trabajo, aunque eran duramente reprimidos porque no se les reconocía el derecho de huelga. En las zonas europeas menos industrializadas la población rural seguía siendo mayoritariamente campesina.

Documento X:1

“En los diarios he hallado hoy dos casos que me han horrorizado, de las consecuencias de la miseria de las clases bajas en Londres. Una mujer casada pereció ayer de hambre; y el “Times” refiere que en una casucha situada en esta capital, existe hoy una mujer con 8 hijos amontonados todos en un pequeñísimo cuarto, donde está corrompido ya el cadáver de uno de los hijos (que no han querido enterrar hace días por falta de paga) y otro moribundo de fiebre pútrida; la madre y los hermanos viven allí mismo.
Y eso pasa aquí, en Londres, en el más asombroso centro de civilización y riqueza, aquí donde se pagan 150.000 duros por un caballo, donde opulentos que mueren legan rentas vitalicias para mantener a un perro de caza o dos gatos, aquí donde se gastan 14.000 duros en un banquete, en el mismo distrito donde el hambre deshace la estructura de seres humanos. Pero el número de pobres es inmenso; crece cada día en proporción, tal vez, con la disminución de empleo y salario, producida por los progresos de la mecánica aplicada a las manufacturas. En medio de esas escenas de miseria, el aumento de riqueza general es prodigioso, y cada día se hacen considerables mejoras en todos los ramos.”

Estos fragmentos corresponden al “Diario del viaje a Inglaterra”
escrito por el rioplatense Florencio Varela entre 1843 y 1844.

Los Estados Unidos habían declarado su independencia en 1776. Pero había ciertas diferencias entre regiones. Los estados del Norte comenzaban lentamente a industrializarse imitando el proceso seguido en Inglaterra. Muchos inmigrantes europeos llegaban a sus
puertos buscando trabajo y nuevas oportunidades. Los estados del Sur se dedicaban a la agricultura de plantación y exportaban sus materias primas –especialmente el algodón- a las fábricas inglesas. Utilizaban la mano de obra de esclavos de origen africano. En este aspecto, también se diferenciaban de los norteamericanos del norte que no eran partidarios de la esclavitud.
A comienzos del siglo XIX, los Estados Unidos era un país con menor extensión que hoy. Pero tanto desde el norte como desde el sur había comenzado un proceso de expansión territorial hacia el Oeste. Los colonos provenientes del norte, movidos por sus deseos de trabajar o por su ambición, buscaban nuevas tierras donde instalarse y para ello no dudaban en atravesar cadenas montañosas, ríos caudalosos o vastas planicies. En el sur, las plantaciones de algodón agotaban los campos y sus propietarios decidieron avanzar hacia el oeste en busca de tierras para continuar practicando su cultivo. De esta manera, se fueron incorporando distintos territorios y por diferentes métodos como la compra o la guerra.
Otros extensos territorios fueron arrebatados a las poblaciones indígenas que sufrieron duros enfrentamientos que provocaron casi su exterminio. Lee el documento X: 2.

Documento X:2

El gran Jefe de Washington nos envía un mensaje para hacernos saber que desea comprar nuestra tierra. También nos manda palabras de hermandad y de buena voluntad. Agradecemos el detalle, pues sabemos que no necesita de nuestra amistad. Pero vamos a considerar su oferta, porque también sabemos de sobra que, de no hacerlo así, quizá el hombre blanco nos arrebate la tierra con sus armas de fuego. Pero… ¿Quién puede comprar o vender el cielo o el calor de la tierra? Esa idea es para nosotros extraña. Ni el frescor
del aire, ni el brillo del agua son nuestros. ¿Cómo podría alguien comprarlos? (…) Tenéis que saber que cada trozo de esta tierra es sagrado para mi pueblo. Los muertos de los blancos olvidan la tierra en que nacieron cuando desaparecen para vagar por las estrellas. Los nuestros, en cambio, nunca se alejan de la tierra, pues es la madre de todos nosotros. Somos una parte de ella, y la flor perfumada,
el ciervo, el caballo, el águila majestuosa, son nuestros hermanos. Las escarpadas montañas, los prados húmedos, el cuerpo sudoroso del potro y el hombre…, todos pertenecen a la misma familia. Por eso, cuando el Gran Jefe de Washington nos envió el recado de que quería comprar nuestra tierra, exigía demasiado de nosotros. El Gran Jefe nos quiere hacer saber que pretende darnos un lugar donde vivir tranquilos. (…) Si os vendemos nuestra tierra, tendréis que recordar y enseñar a vuestros hijos que los ríos son nuestros hermanos -y en adelante, los vuestros- y tratarlos con el mismo cariño que se trata a un hermano. Es evidente que el hombre blanco no entiende nuestra manera de ser. Le es indiferente una tierra que otra porque no la ve como a una hermana, sino como a una enemiga. Cuando ya la ha hecho suya, la desprecia y la abandona. Deja atrás la tumba de sus padres sin importarle. Saquea la tierra de sus hijos y le es indiferente. Trata a su madre -la Tierra- y a su hermano -el firmamento-como a objetos que se compran, se usan y se venden como ovejas o cuentas de colores. Hambriento, el hombre blanco acabará tragándose la tierra, no dejando tras de sí más que un desierto. Soy lo que llamáis “un salvaje” y no comprendo vuestro modo de vida, pero he visto miles de búfalos muertos, pudriéndose al sol en la pradera. Muertos a tiros, sin sentido, desde las caravanas. Yo soy un salvaje y no puedo comprender cómo una máquina humeante -el caballo de hierro- puede importar más que el búfalo, al que sólo matamos para sobrevivir. ¿Qué es el hombre sin animales? Si todos los animales desaparecieran el hombre también moriría en la soledad de su espíritu. Lo que le suceda a los animales tarde o temprano le sucederá también al hombre. Todas las cosas están estrechamente unidas. Debéis enseñar a vuestros hijos lo que nosotros hemos enseñado a los nuestros: que la Tierra es su madre. Lo que le ocurre a la Tierra también les ocurre a los hijos de la Tierra.

Documento atribuido al jefe indio Seattle de la tribu de los Suwamish,
en respuesta al presidente de EEUU, Franklin Pierce, 1855

Del punto de vista político, Estados Unidos era una República Federal. La Constitución garantizaba la libertad de los individuos, el sufragio masculino y la separación de poderes. Por ser una Federación cada estado conservaba su autonomía y podía establecer ciertas leyes internas, como fue el caso de la esclavitud. En Europa existían grandes diferencias políticas entre los países. Sólo Gran Bretaña tenía una monarquía constitucional; los demás países vivían monarquías autoritarias e incluso absolutas.

Sin embargo, desde 1830 se habían sucedido varias revoluciones liberales que reclamaban libertad de expresión y de sufragio y la posibilidad de formar Estados en base a constituciones escritas. Defendían el voto censitario y la separación de poderes y preferían organizar el estado con una monarquía constitucional. A mediados del siglo XIX los liberales radicales exigían la aplicación del sufragio universal y la formación de una República. Un ejemplo de República fue la de Francia, entre 1848 y 1852. También se empezaron a escuchar los reclamos de los primeros pensadores socialistas quienes preocupados por la situación de la clase obrera buscaban mejorarla y formar una sociedad más igualitaria y justa. En algunas zonas de Europa las revoluciones fueron también nacionalistas. Algunos pueblos buscaban independizarse de un poder extranjero, como los polacos. Otros buscaban unir a los que tuvieran un mismo origen o hablaran la misma lengua. Fue el caso de los italianos y de los alemanes cuyos procesos de unificación
terminarán hacia 1870.

Documento X:3

“He defendido durante cuarenta años el mismo principio: libertad en todo, en religión, en literatura, en filosofía, en industria, en política; y por libertad entiendo el triunfo de la individualidad, tanto sobre la autoridad que pretende gobernar, como sobre las masas
que reclaman el derecho a sojuzgar a la minoría.”

Benjamin Constant

Romanticismo

“Del punto de vista histórico, el Romanticismo es un movimiento revolucionario, cultural y artístico primeramente, que se extiende luego por el campo de lo social, de lo filosófico y de lo político. Los sentimientos más profundos que atañen a cada pueblo, se ven imbricados en la revolución romántica que, recibiendo aportes de la Revolución Francesa de 1789,
de la industrial de Inglaterra de fines del siglo XVIII y principios del XIX, se lanza contra el neoclasicismo, las reglas, lo racional, lo objetivo, lo impersonal, propios del régimen vigente oponiéndoles la pasión, el culto del yo, el subjetivismo, el amor a la naturaleza, el sentimiento cristiano y el sentido histórico. En términos generales y para una directa comprensión, podríamos decir que se levanta el estandarte del sentimiento contra el de la razón. Podríamos aventurar una definición extensa, calificando al Romanticismo como un movimiento … que rechaza las prescripciones académicas o las normas tradicionales, la disciplina dando guerra a los cánones y convencionalismos, en nombre de la absoluta libertad
en el arte …
En contraposición al clásico que es realista moderado, el romántico desprecia la realidad del mundo en el que vive, y se refugia en mundos soñados. Este idealismo romántico engendrará algunas características: la pasión por el contraste, del color local y el mal del siglo. El contraste es oposición de palabras, o de pensamientos, la antítesis; el color local es el colorido especial de un ambiente; y de un mal del siglo es el desencanto que proviene de la inadaptación, es el mal incurable que aqueja con variados nombres a las distintas generaciones románticas: sensibilidad, tedio, pesimismo, neurastenia.”

A. de la Peña. Siglo XIX. El Romanticismo. Aproximaciones
y puntos de vista. El País, 1 de noviembre de 1981.

América Latina

A mediados del siglo XIX, América Latina estaba conformada por una gran mayoría de países independientes. Continuaban siendo colonias de países europeos algunas islas en el Caribe –como Cuba y Puerto Rico-, Belice en América Central y las Guayanas en América del Sur. Los nuevos países se regían por constituciones liberales escritas, basada en los principios de igualdad ante la ley y separación de poderes. Por lo general, se establecieron Repúblicas, aunque con excepciones, como el caso de Brasil que era un Imperio. En cuanto al sufragio –otro rasgo liberal- era masculino, con ciertas restricciones. No podían votar los hombres que no
fueran libres, los que no supieran leer y escribir, o que ejercieran determinado trabajo, por ejemplo sirvientes o peones. De esa manera, quedaba fuera del derecho a voto la gran mayoría de la población, incluso muchos de los que habían luchado por la independencia. Después de obtenida la independencia los problemas políticos no terminaron sino que se sucedieron nuevos enfrentamientos entre liberales y conservadores, o federales y unitarios. En estas guerras civiles los ejércitos –ya fueran del gobierno o de la oposición- estaban liderados por caudillos. Hacia 1850, la producción seguía basándose en las mismas actividades que en la época colonial: minería, agricultura y ganadería. La minería estaba en decadencia ya que requería de fuertes inversiones para actualizar su producción pero no había capitales dispuestos a hacerlo. La ganadería, por el contrario, no necesitaba de grandes capitales para su explotación ya que se practicaba en forma extensiva. Pero sí sufría las continuas matanzas provocadas por los ejércitos enfrentados en las guerras civiles.
La agricultura de las plantaciones -tabaco, azúcar, cacao, entre otros- continuaba produciendo para las exportaciones. Seguía predominando el latifundio en las plantaciones, las haciendas o las estancias. Únicamente cambió de manos en algunos casos ya que se
fueron algunos de los propietarios de origen español o portugués y sus tierras pasaron a manos de criollos. El desarrollo del comercio era muy importante. Los países latinoamericanos exportaban a Europa materias primas como cueros, y alimentos como azúcar o cacao e importaban principalmente productos manufacturados en un régimen de libre comercio.
Ante la decadencia y la pérdida de poder de España y Portugal, Gran Bretaña se había convertido en la potencia que no sólo comerciaba en la región sino que también otorgaba préstamos y empezaba a instalar los primeros bancos.

Por último, las artesanías locales sufrieron la competencia inglesa, como ya venía ocurriendo desde el siglo XVIII. La variedad y los bajos precios de los productos importados provenientes de las industrias provocaron la ruina de las artesanías indígenas que debieron conformarse con un mercado local muy reducido. En la sociedad, se destacaban los criollos descendientes de europeos y algunos mestizos. Consiguieron mayor poder económico y político gracias a las guerras de independencia o a los conflictos posteriores. En la
ciudad, se dedicaban al comercio y se vincularon a la cultura europea. En el campo, eran propietarios de tierras con influencia sobre los trabajadores y, muchas veces, se convirtieron en caudillos.

Documento X:4

“La situación de los campesinos en la sociedad no ha cambiado materialmente con la subversión de la autoridad española; mientras que la de los grandes propietarios ha cambiado esencialmente en casi todo (…). En Chile, mientras que los campesinos permanecen casi como estaban antes, sus superiores han conseguido muchas ventajas. Han obtenido la independencia política; son libres, y tienen seguras sus vidas y sus propiedades; por primera vez en sus vidas, tienen una parte en el gobierno de su país; pueden aspirar a los más elevados cargos del provecho o de la distinción; el valor de sus propiedades ha sido realzado porque se ha abierto el mercado donde pueden mandar sus productos; y no tienen ninguna reserva en mostrar su riqueza, o en expresar sus opiniones; en resumen, están en posesión de la libertad civil.”

Un observador inglés, citado en Lynch, J., Las Revoluciones Hispanoamericanas

 La constitución de cada país establecía la igualdad ante la ley. Pero, en la realidad, la situación social de los indígenas y los afroamericanos era subordinada. En aquellas regiones en que los indígenas eran campesinos, perdieron progresivamente sus tierras comunales y se convirtieron en trabajadores asalariados. Los pueblos indígenas que continuaban viviendo en forma aislada empezaron a ser combatidos por los ejércitos de los nuevos países con el fin de apoderarse de sus tierras, como sucedía en la Pampa y la Patagonia o en nuestro país.
Hacia mediados del siglo XIX, la esclavitud había sido abolida en la mayoría de los países latinoamericanos, con la excepción de Cuba y de Brasil. Sin embargo, la situación de los afroamericanos no cambió sustancialmente. Siguieron trabajando en las mismas plantaciones que antes o como sirvientes en las ciudades. Tampoco tenían acceso, al igual que los indígenas, a los derechos políticos.
México y Estados Unidos En México, la situación política fue particularmente inestable. La forma habitual de acceder al poder era a
través de golpes militares dirigidos por caudillos. Es en este contexto que se produjo un enfrentamiento
con Estados Unidos. El primer conflicto se desató en 1835 en Texas, cuando un grupo de colonos norteamericanos allí instalados pretendió independizarse de México. Se desarrollaron fuertes combates pero finalmente los norteamericanos triunfaron. Cuando en 1845, el gobierno de los Estados Unidos anexó el estado de Texas se inició un nuevo enfrentamiento.
La guerra, entre México y los Estados Unidos, fue totalmente desigual en materia armamentista. México resultó vencido –después de luchar tres años y de las dolorosas pérdidas humanas- y debió entregar a Estados Unidos los territorios entre Texas y California, casi
la mitad de sus dominios. También la política interna mexicana resultó afectada ya que se sucedieron largos conflictos entre conservadores y liberales.

Parte de la Información en este capitulo a sido substraído del Cap I. Del libro “Pensando la Historia 3er Año CB” De Editorial Contexto. Montevideo Uruguay.

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