Cinco sorprendentes noticias sobre los alimentos y la Salud

Palomitas-de-maiz

1. Asombrosa investigación sugiere que las palomitas de maíz son un súper-alimento

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Aunque las palomitas de maíz reciben muchas críticas por su tendencia a desatar situaciones comprometedoras, como la de ensuciar las salas de cine o la de acumular químicos nocivos cortesía de los embalajes diseñados para microondas, las últimas investigaciones demuestran que en realidad son súper nutritivas.

¡Son además asequibles y fáciles de conseguir! Tomen eso, súper comidas prometedoras de milagros con precios exorbitantes y huellas de carbono exuberantes (ejem, bayas Acai y Goji).

Joe Vinson, médico y pionero en el estudio de las propiedades nutricionales de los alimentos comunes, explicó en la edición 243 de la Reunión y Exposición Nacional de la Sociedad Química Norteamericana, que los polifenoles se encuentran mucho más concentrados en las palomitas de maíz, ya que tienen un promedio de tan sólo el cuatro por ciento de agua. La mayoría de los productos frescos contienen alrededor del 90% de agua, condición que diluye esta clase especial de antioxidantes.

El nuevo estudio descubrió que la cantidad de polifenoles que se encuentra en las palomitas llegaba hasta los 300 miligramos por porción, comparado por ejemplo con los 114 miligramos de una porción de maíz dulce o los 160 miligramos de una porción de fruta. Por otra parte, una porción de palomitas de maíz aporta alrededor del 13% de los requerimientos diarios de polifenoles por persona en los Estados Unidos.

Y además de su notable contenido en polifenoles, ¡las palomitas de maíz también son granos enteros!

Vinson realizó la siguiente manifestación sobre los descubrimientos:

Las palomitas de maíz podrían convertirse en el aperitivo perfecto. Es el único tentempié que posee granos 100% completos y sin procesar. El resto de los granos son procesados y diluidos con otros ingredientes y a pesar de que los cereales son considerados “de grano entero”, esto simplemente significa que más del 51% del peso total del producto representa el grano completo. Una porción de palomitas de maíz aporta más del 70% de la ingesta diaria de grano entero requerida. Y por lo general, la gente tan sólo consume media porción de granos enteros al día. Sin duda alguna, las palomitas de maíz podrían compensar la ingesta de una forma muy placentera.

Una advertencia: tengan cuidado con el tipo de palomitas de maíz que consuman. Las que se venden en los cines, las palomitas dulces y las que se preparan en el microondas pueden convertirse en una pesadilla nutricional si se les agregan grandes cantidades de mantequilla, azúcar, jarabes y otros condimentos. (Una porción pequeña de palomitas de maíz de Regal, la cadena de cines más importante de los Estados Unidos, tiene 670 calorías, la misma cantidad que una pizza personal de pepperoni).

Las palomitas de maíz para microondas contienen un 43% de grasas, además de toda una serie de otros ingredientes sospechosos. Las que se cocinan en recipientes abiertos poseen una menor cantidad de calorías, al igual que las que se preparan en casa.

Prepara las tuyas

No necesitas máquinas especiales ni un microondas para preparar tus palomitas. Te enseñamos el procedimiento básico para prepararlas en cualquier estufa u hornillo.

Vierte tres cucharadas de aceite de oliva (o cualquier otro aceite de cocina si prefieres un sabor más neutro) en un recipiente grande y pesado. Calienta el aceite a fuego medio-alto. Coloca en su interior dos o tres granos de palomitas. Cuando éstos hayan explotado, agrega un tercio de taza de granos de maíz para palomitas. Tapa el recipiente.

En el momento en el que empiecen a explotar, sacude constantemente el recipiente y deja salir el vapor para evitar que el maíz se humedezca. Una vez que las explosiones disminuyan considerablemente, retira el recipiente del fuego y coloca su contenido en otro envase.

2. Arándanos, moras y frutillas ayudan a mantener al cerebro joven

Frambuesas

Un artículo reciente publicado en el periódico de la Sociedad Química Norteamericana de Agricultura y Química de los Alimentos presenta pruebas contundentes de que consumir arándanos, moras, fresas y otras bayas puede ayudar con el envejecimiento del cerebro.

Las bayas son las preferidas de todos desde que se desató la locura por los antioxidantes. Sin embargo, las versiones más exóticas de estas frutas, como las bayas acai y goji, son las que acaparan más atención. Debido a que las bayas acai y goji no crecen localmente en todos los lugares, es una excelente noticia saber que el resto de la familia de las bayas también posee esos súper poderes.

En la mencionada publicación, los doctores Barbara Shukitt-Hale y Marshall G. Miller explican que los estudios realizados confirman que comer bayas tiene efectos beneficiosos para el cerebro, pudiendo ayudar a prevenir la pérdida de la memoria relacionada con la edad y otros cambios, como por ejemplo la capacidad de atención, la función ejecutiva, el razonamiento, la orientación espacial y la velocidad de procesamiento.

“Además de sus ya conocidos efectos antioxidantes, acompañar la dieta diaria con bayas tiene un efecto directo en el cerebro. El consumo de estas frutas podría ayudar a prevenir la neuro-degradación y los consecuentes cambios en las funciones cognitivas y motoras”, escriben los autores.

Los investigadores llegaron a estas conclusiones gracias a varios estudios exhaustivos de análisis celulares en animales y humanos.

Se llegó a la conclusión de que las bayas contienen altos niveles de antioxidantes capaces de cambiar la forma de comunicación entre las neuronas. Y esos cambios de comunicación ayudan a prevenir los daños de la inflamación en el cerebro, sirviendo tanto para mejorar el control motriz como el cognitivo.

A medida que aumenta la esperanza de vida de la población humana y se produce también un aumento de enfermedades como el Alzheimer y otras clases de deterioros mentales, parece prudente ocuparse de la salud de nuestro cerebro con todos los medios necesarios. ¿Y qué podría ser mejor que hacerlo con alimentos locales? ¡Mantener la agudeza mental nunca resultó tan sabroso!


3. ¿Es posible que el azúcar sea tóxica?

Azucar

Por el aumento de la obesidad y la diabetes en el mundo (de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, ésta afecta a más de mil millones de adultos alrededor del globo y se ha convertido en una epidemia), durante los últimos años se han intensificado las críticas al azúcar y al jarabe de maíz alto en fructosa (un sustituto del azúcar utilizado en la producción de alimentos, especialmente de gaseosas).

Que estos ingredientes generan “calorías vacías” sin aportar nutrición era el principal argumento con que se defendía la necesidad de reducir su consumo. Pero nuevas investigaciones y estudios indican que los efectos del azúcar en el organismo humano podrían ser mucho peores.

Después de investigar temas de nutrición y salud por más de diez años, el investigador Gary Taubes publicó en abril de 2011 un extenso artículo en el New York Times que explica el tema en detalle.

Resumiendo las explicaciones, la clave se encontraría en la forma en que el cuerpo humano procesa la fructosa:

-El azúcar refinada está compuesta de una molécula del carbohidrato glucosa unida a una del carbohidrato fructosa (una mezcla 50-50 de los dos), mientras que el jarabe de maíz alto en fructosa tiene un 55% de fructosa y 45% de glucosa. La fructosa es el doble más dulce que la glucosa y distingue a estos productos de otras comidas ricas en carbohidratos como el pan o las papas.
-Una vez en el intestino, la glucosa es metabolizada por todas las células del cuerpo, pero la fructosa es metabolizada principalmente por el hígado. A más consumo de azúcar o jarabe, más fructosa y, por lo tanto, más trabajo para el hígado.
-La velocidad con la que trabaja el hígado puede afectar cómo procesa este componente. Por medio de diversos estudios en animales, se ha comprobado que si la fructosa llega al hígado en suficiente cantidad y con suficiente rapidez, el hígado convierte mucho de ella en grasa.
-Estudios indican que un hígado graso provoca resistencia a la insulina. ¿Qué es esto? El cuerpo secreta insulina en respuesta a los alimentos ingeridos, para mantener los niveles de azúcar controlados después de una comida. Cuando las células son resistentes a la insulina, tu cuerpo (más específicamente, tu páncreas) responde a los niveles altos de azúcar en sangre secretando más y más insulina. Eventualmente el páncreas no puede mantener la demanda o se rinde, tu nivel de azúcar en la sangre sube fuera de control, y tienes diabetes.
-Por más que no contraigas diabetes, los niveles elevados de insulina en la sangre tienen efectos negativos por sí mismos: se genera un aumento de los triglicéridos y de la presión (presentando riesgo de enfermedades cardíacas), una baja en los niveles de HDL colesterol (el “bueno”), y todo empeora la resistencia a la insulina.

“Es bastante probable que sea cierto que el azúcar y el jarabe de maíz alto en fructosa, por la inusual forma en que nuestro cuerpo metaboliza la fructosa y por los niveles en que estamos consumiéndola en este momento, provoquen que se acumule grasa en nuestro hígado, condición seguida de resistencia a la insulina y síndrome metabólico, y que todo ello inicie el proceso que lleva a enfermedades cardíacas, diabetes y obesidad”, cierra el investigador.

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¿Azúcar = Cáncer?

Taubes va más allá. Explica que la insulina (así como otra hormona conocida comoFactor de crecimiento insulínico) promueve el crecimiento de tumores.

“Las células de muchos cánceres humanos llegan a depender de la insulina para recibir el combustible y materiales que necesitan para crecer y multiplicarse. Si el azúcar causa la resistencia a la insulina (y la resistencia a la insulina causa la excreción de más insulina por parte del páncreas), entonces la conclusión de que el azúcar causa cáncer es difícil de evitar. Algunos cánceres, aunque sea”.

Agrega que el cáncer maligno y la diabetes eran enfermedades relativamente raras en poblaciones que no tenían dietas occidentales, y que sondeos indican que una persona obesa o diabética tiene más posibilidades de contraer cáncer que una que no lo es.

No apta para menores

A la investigación de Taubes se sumó un estudio publicado en Nature esta semana por Robert Lustig, investigador de temas de obesidad infantil que fue uno de los que reavivó la polémica en torno al azúcar.

En una nota en el National Post, Lustig y el grupo de investigadores proponen limitar el consumo de azúcar aumentando los precios de las gaseosas o incluso prohibiendo la venta de las mismas a chicos por debajo de los 17 años.

Consume a tu propio riesgo

Finalizando su investigación en el New York Times, Taubes se encarga de aclarar que no existe consenso científico concluyente para determinar que, en efecto, el azúcar es la causante del hígado graso, la resistencia a la insulina y las enfermedades que éstos traen.

Sin embargo, la evidencia proveniente de estudios en animales y de pruebas en humanos con altas dosis de fructosa pura son concluyentes con la hipótesis y parecen ser causa suficiente para evitar las bebidas altas en azúcar y bajar el consumo de dulces dramáticamente. O para seguir consumiéndolas, a tu propio riesgo.

¿Qué opinan? ¿Les preocupa el consumo de azúcar?


4. ¡Sorpresa! La miel de las tiendas no es realmente miel

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Los pequeños envases de plástico de miel con forma de ositos que encontramos en las tiendas o supermercados parece que no contienen miel. Y eso que en la etiqueta se puede leer claramente “miel”. Sin asteriscos ni advertencias. Aunque quizás debería tenerlos.

Un estudio reciente llevado a cabo por Food Safety News concluyó que la miel disponible en la gran mayoría de las tiendas, farmacias y supermercados no contenía polen. Una parte esencial de la miel que la convierte en tal. Dicho de otra manera, la miel es realmente miel gracias al polen recolectado por las abejas que la crean. Según la gran mayoría de las agencias de salud a nivel mundial, la miel sin el polen es simplemente néctar — un líquido dulce sin la gran mayoría de los beneficios para la salud que esperamos de la miel. Además, la falta de polen hace imposible realizar un seguimiento del lugar de donde proviene la miel, y cuan seguros y saludables fueron esos recursos o no.

Por lo tanto, ¿dónde está el polen? Algunas compañías utilizan filtros súper-finos (después de diluir la miel y calentarla a altas temperaturas) para filtrar el polen. De acuerdo a un proveedor de miel, la razón por la cual se filtra es polen es porque los consumidores norteamericanos quieren la miel “clara y cristalina”, algo que puede ser cierto (porque muchos consumidores no quieren ponerse a pensar de dónde provienen los alimentos, tal y como todos sabemos). Pero otra parte del problema es que las grandes cadenas prefieren comprar este producto de miel procesada porque pueden mantenerlo en sus estanterías casi indefinidamente.

Aunque esto puede ser cierto, parece que también hay un lado mucho más oscuro de la historia. Según el apicultor Richard Adee en Food Safety News, “Solamente existe una razón para ultra-filtrar la miel y no hay nada de bueno en ella. No es ningún secreto para nadie en el negocio, que la única razón por la cual se filtra el polen es para ocultar su origen y la realidad es que en la gran mayoría de los casos se trata de China. Se ha constatado que la miel de China ha sido contaminada con antibióticos o metales pesados. Además, la proliferación de miel china barata durante los últimos años ha obligado a los apicultores locales a cerrar sus negocios, incapaces de competir con los bajos precios.

Cómo asegurarse de comprar miel auténtica

Ya hemos dicho antes, y lo vamos a decir de nuevo (y de nuevo, y de nuevo…): compra localmente.

De todas las muestras que el equipo de investigación de Food Safety News tomó para el estudio, todas las botellas o frascos de miel adquiridos en una granja, mercados de agricultores o tiendas locales tenían la cantidad completa de polen que deberían haber tenido.

Se trata de un problema de múltiples facetas (ni tan siquiera hemos entrado en la falta de acción de la FDA en relación con este problema, que Food Safety News detalla en su artículo). Es un ejemplo más de cómo la comida barata cobra su precio y por qué alimentarse de productos locales y alimentos cosechados es una opción más saludable y segura.


5. Relacionan a la dieta occidental con problemas de atención

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Ya sabemos que la llamada ‘dieta occidental’ (aquella rica en carnes, lácteos y azúcares refinados, y baja en frutas y vegetales) no es de lo mejor para el medio ambiente: un famoso estudio de la FAO relaciona directamente a la industria de la carne con el 18% de las emisiones de gases de efecto invernadero mundiales, y campañas como Lunes sin carne y vegetariano de lunes a viernes abogan por bajar el consumo de productos animales.

Pero los problemas de este tipo de dieta no terminan aquí: al parecer, además de estar relacionada a graves condiciones de salud ésta se encuentra también asociada al llamado Trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH, ADHD en inglés) en adolescentes.

Así lo señala un estudio del Telethon Institute for Child Health Research de la University of Western Australia, citado por Science Daily -vía Grist.

El mismo analizó los hábitos alimenticios de 1800 adolescentes, y descubrió que aquellos que tenían una dieta occidental tenían el doble de riesgo de ser diagnosticados con TDAH. Más específicamente, esta condición se asoció a dietas con alto contenido de comidas preparadas, carnes procesadas, carnes rojas, lácteos altos en grasas, azúcar refinada y sodio.

De acuerdo a declaraciones de los investigadores a Science Daily, el problema podría encontrarse en el bajo contenido de ácidos grasos Omega-3 en la dieta occidental, ya que este componente presenta beneficios para el correcto funcionamiento del cerebro. También en el hecho de que las comidas procesadas no tienen suficientes nutrientes y sí demasiados colorantes y aditivos.

Como el estudio no siguió la trayectoria de los chicos durante toda su vida, sino que comparó la situación actual de los mismos, no es claro si es que una dieta de este tipo lleva al síndrome de falta de atención o si el TDAH lleva a una mala dieta. Sin embargo, la conexión de este tipo de alimentación con esta condición debería ser razón suficiente para hacerse preguntas y empezar a controlar mejor qué comen los chicos. Y, por qué no, también los grandes.

Parece extraño que, mientras cada vez más estudios prueban que el alto consumo de productos animales es perjudicial para la salud, algunos propongan reemplazar las carnes tradicionales por insectos. ¿No hay ya demasiadas razones para disminuir la ingesta de derivados de animales? ¿Qué opinan?

¿Que te Pareció? ¡Cuéntalo!

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